Estaba en algún bar de la ciudad, ese día estaba peor que cualquier día, estaba acabada, cargaba penas, dolores y cansancios, trasnochas vagas... trasnochadas sin valor. Una cerveza, dos o tres... ya no recuerdo cuantas fuero, cuantos fueron sus besos recorriendo mi piel hasta llegar al cielo, no sé cuantas veces me miro y soltaba una sonrisa estúpida y se volteaba, tengo que confesar que yo no estaba acá, estaba hablando con mi subconsciente, pensando en donde pasar este dolor de cabeza que desde hace mucho me atormenta. El solo me miraba, me sonreía y hasta intentaba decir algo.
Yo, con algunos tragos sobre mi cabeza, con algunas frases sueltas y peleando con el mesero por no traer rápido lo que quiero. llega él, con sus ojos color café oscuro, piel blanca y cabello negro, un par de cervezas y un cigarrillo, una larga conversación y para terminar el beso que decidió la noche.
Duramos miles de horas, como también pudieron ser solo dos. Estábamos los dos, el sonido de Sinatra y el olor del amanecer combinado con el olor de un café, un olor a tabaco un olor a olvido.
Habia olvidado que era ser sensual, ser realmente atractiva para alguien, solo que como siempre no es más que eso.
Soy solo como un solo de saxo y guitarra. Un par de besos y una noche.
